
Casi como en una suerte de tradición, Los Piojos tocarán en el estadio Luna Park el 10 y 11 de diciembre, en lo que será su regreso a Buenos Aires.
"Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos" Eduardo Galeano

“Sabemos cómo está la situación económica en el país, por eso les damos las gracias por haber venido”, señaló Juan Pablo “Juampi” García Soldi, voz y líder del grupo. En la previa, ya se venía hablando de que la banda presentaría temas nuevos y se mostraron tres de ellos, donde se destacó El mascarón. “Juampi” también pidió disculpas porque
El toque reggae de la noche estuvo a cargo de Ariel Villanueva, guitarrista de Dancing Mood, que subió al escenario para tocar Siento estar mejor –sí, habla del faaaaaaso- y hacer bailar al público.
Otro momento especial se vivió cuando “Juampi” y el guitarrista Juan Martín Caro se colgaron sendas guitarras criollas e improvisaron una suerte de set acústico. Allí, además de Blues que me condena y Oídos sordos, se destacó Sábanas frías, en donde los fanáticos se sentaron para acompañar con palmas y esperar la parte del estribillo para desatar un feroz pogo.
Si de pogos se trata,
El título conseguido por Lanús es una clara muestra de que con esfuerzo, sacrificio, perfil bajo y con mucho trabajo, los objetivos que uno se plantea, se pueden conseguir. El equipo de Ramón Cabrero –un caballero y un símbolo de honestidad- tiene una política institucional seria desde hace años.
Se lo merece Lanús porque es un equipo ordenado, serio, equilibrado en cuanto a sus finanzas. El club del que es hincha Nino Dolce apostó hace dos años a un director técnico de las divisiones inferiores, pero un hombre de la casa. Cabrero conoce mejor que nadie a sus dirigidos y los resultados están a la vista.
A diferencia de otros clubes, que deciden invertir una gran cantidad de dinero –como River con sus estelares contrataciones- y no consiguen sus frutos. No sé si tendrá que ver, pero ¿por qué los hinchas de Boca lanzaron proyectiles cuando los jugadores daban la vuelta olímpica?
El Granate demostró que no alcanza con tener millones en el banco. Lo más importante es la humildad, el esfuerzo, la honestidad y el trabajo. Por eso, Lanús –con sus dirigentes, cuerpo técnico y jugadores- es un ejemplo deportivo y de la vida.

Es muy prematuro hablar de cansancio, fatiga, lesiones y otras yerbas con respecto al final de la temporada de
Ginóbili explica que el “Big Three” de los Celtics puede agotarse a medida que la temporada vaya avanzando. Él mismo los compara con el trío de los San Antonio Spurs –Tim Duncan, Emanuel Ginóbili y Tony Parker- y señala que éstos últimos tienen mayor descanso.
Es cierto, pero también es verdad que el resto del equipo de los Spurs es veterano. Bruce Bowen, Fabricio Oberto, Michael Finley, Robert Horry, Francisco Elson y Brent Barry han superado la barrera de los 30 años y, algunos de ellos, largamente.
Por el lado de Boston, si bien los nombres propios no son de tanta jerarquía, la juventud de Rajon Rondo, Kendrick Perkins y Tony Allen son un gran refresco. Además, el jugador más veterano del plantel es Scott Pollard, de 32 años.
Por esto es que la temporada recién empieza. Todavía queda mucho por ver y está muy claro que, tanto los Celtics como los Spurs van a ser grandes animadores de la liga. No se trata de combustible o energía solamente, se trata de hacer el mejor básquet para quedarse con el anillo.
“Dios perdona, el hombre a veces, la naturaleza nunca”. Bajo esa frase que hace referencia al mundo actual, Los Piojos se presentaron en el Luna Park. Como suele ser su costumbre cuando se presentan en el templo de boxeo por excelencia, la banda de El Palomar no publicitó su recital.
Los avisos en su sitio web oficial, el boca en boca, y demás medios de comunicación artesanales sirvieron para que miles de piojosos pudieran disfrutar de este verdadero espectáculo.
El grupo liderado por Andrés Ciro Martínez recorrió la mitad de su nuevo disco, Civilización, y quedó demostrada la aceptación que tuvo la placa en los fanáticos. “¿Les gustó?”, preguntó Ciro y la respuesta positiva mostró la satisfacción del público.
La sorpresa de la noche estuvo a cargo del francés Manu Chao, de estrecha relación con Los Piojos. Tal es así que su último cd fue grabado por El Farolito, discográfica del grupo de El Palomar.
Tampoco faltó el homenaje al recordado Pappo, con la entonación de “El viejo” y la improvisación de Ciro con pasitos de música disco, a lo John Travolta.
Los Piojos renovaron su relación con el público y demostraron, una vez más, que se tratan de una de las bandas de mayor jerarquía y convocatoria en Argentina.
“Nada tiene sentido/ nada para mí, no/ no me interesa nena/ si no estás aquí”.
La derrota por 2 a 1 de
Por empezar, la modificación del esquema utilizado ante Bolivia, por uno mucho más mezquino, hacía presagiar un resultado desfavorable. ¿Por qué Argentina juega de manera distinta según dónde sea el partido y según sea su rival? ¿Es por los players? No da esa sensación, ya que quien decide cómo se plantean los encuentros es el cuerpo técnico encabezado por el “Coco”.
Está claro que no es lo mismo jugar con Fernando Gago en lugar de Sergio Agüero. El DT apostó por darle un mayor equilibrio, en lugar de apostar a la explosión del “Kun”. Basile privilegió el cuidado defensivo antes que salir a ganar un encuentro en territorio ajeno, como cualquier seleccionado de primer nivel debería hacer.
Claro está que la expulsión de Carlos Tévez influyó en el trámite del juego y el ingreso de Freddy “Totono” Grisales favoreció al local. Sin embargo, la selección colombiana está en transición y no cuenta con grandes nombres.
El conjunto argentino no tuvo reacción y desde el banco tampoco se atinó a meter alguna variante para intentar torcer el rumbo. Colombia terminó tocando ante la mirada pasiva de los jugadores visitantes y Argentina fue impotencia en estado puro. Hasta Gabriel Milito tuvo que salir del fondo, con una calentura propia de potrero, para conmover a sus compañeros y revolear por el aire a un rival.
Con muy poco juego, un equipo metido muy atrás. Habrá que rever un poco las cosas para no ser un equipo cuando se juega de local ante rivales débiles, y no cambiar esos 180 grados cuando se disputa un encuentro en calidad de visitante.